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martes, 3 de mayo de 2016

El gran perro invisible

El gran perro invisible

Se despertó. Arrastrando los pies fue a la computadora y la encendió, luego fue al baño y regresó con una taza de café y unas galletas. Tomó asiento y comenzó a navegar como era costumbre los fines de semana en la mañana.

Recorrer el inicio en sus redes sociales lo llevó a un artículo interesante.

“Los diez perros más grandes del 2015”.

Como la gran mayoría de esos artículos, solo consistía en unas míseras líneas copiadas de la Wikipedia acompañadas de la primera foto que saliera en Google al poner el nombre del amo del perro en cuestión.

Diez animales magníficos, uno más grande que el otro. Algunos tan inmensos que no cabían en una casa alta, o en ninguna cucha que él hubiera visto antes.

A pesar de todo, el último sorbo de café le supo a derrota. Ojalá pudiera tener un perro así y mostrarlo a todos sus conocidos. El sueño de toda una vida...

Como quien nada pierde entró a una página de ventas online.

“Perros gigantes”.

Algunos anuncios vendían perros grandes como un auto, pero nada semejante a los que vio en el artículo hacía menos de una hora. También encontró otras ofertas que lo inundaban todo.

“Haga crecer a su perro hasta el techo en una semana”, “Cachorros de perros gigantes”, “Cursos para adiestramiento y sano crecimiento para perros gigantes”.

¡Santo cielo, qué caros eran tan solo los perros tamaño auto! Si su familia entera hubiese ahorrado el sueldo de toda una vida, apenas podrían comprar uno. Ni hablar de alimentarlo y mantenerlo de ese tamaño. Porque eso pasaba con los perros gigantes, si no se los cuidaba bien sufrían una suerte de desinflado.

Frustrado el hombre dirigió una mirada de desdén a su mascota, un caniche flacucho con el pelo mal cortado que acababa con toda posibilidad de ahorro. A pesar de que el animalito siempre movía la cola y nada le reprochaba a su dueño, este lo aborrecía.

Con resignación miserable, abrió la puerta para que este saliera a hacer pis. Tal vez con un golpe de suerte y el bicho se escapaba.

En frente una vecina lo saludó. Tenía un lindo perro bastante gordo que le llegaba a la cintura, que parecía cruza con labrador.

A penas contestó el saludo de la mujer, avergonzado de su propio perro, buscó calles tranquilas y una plaza.

Allí los niños jugaban con cientos de perritos más chiquitos incluso que su caniche. Pero los niños y los perros son especímenes raros ¿Qué saben esos de tamaño?

—Lindo perro, señor—se atrevió a decir un niño insolente mientras acariciaba la cabeza del vergonzoso animal.

Así, entre una cosa y otra, el caniche terminó en la plaza de los mini perros ignorados, jugando con los jóvenes quienes parecían ser los únicos que les prestaban atención.

Estaba resuelto, tendría un perro grande como un castillo. Regresó corriendo a su casa y a la computadora.

“Perros gigantes gratis”, “Como obtener un perro gigante gratis”, “Regalo perro gigante”. Nada.

“Hacer crecer perro en un día”, “Trucos para tener un perro gigante”, “Alimentos gigantes agranda perros”. Nada. No tenía tiempo, dinero, ni ganas para probar algo de eso.

Finalmente optó por preguntar de forma directa en foros y páginas de preguntas y respuestas ¿Cómo puedo conseguir un perro gigante gratis?

Entre varias respuestas que remitieron a las páginas de consejos antes mencionadas, hubo una más extensa que las demás:

“Señor, tengo un perro gigante que tuvo cachorros gigantes también. No tenía mucho dinero para cuidarlo, así que lo adopté cuando era tan pequeño como un dedal. Si viera lo pequeño que era y la poca fe que inspiraba. Pero yo también quería un perro gigante y por eso lo alimenté con lo que pude. A veces sacrifiqué horas de sueño y trabajé hasta tarde para darle de comer y que se inflara un poco más. Estuve tentada a desistir varias veces. Ante el menor descuido el animal se me desinflaba de nuevo.
Con el tiempo aprendí cosas y de a poco fue creciendo. Doce años desde que lo adopté, a la fecha, sin descuidarlo ni un solo día (aun cuando a veces crecía y otras se achicaba) conseguí mi perro gigante que ya tiene dos camadas que, le garantizo, traen en los genes ser perros gigantes. Le sorprenderá ver cuán guardianes e independientes son. ¡Hasta lo cuidan a uno! Si le interesa un cachorro, le adjunto una foto.”

Lo que se achicaba y agrandaba en él era su voluntad, un comentario muy largo. Casi cierra todo cuando leyó lo de los doce años. Pero vaya, si esa mujer cuidó de un perro minúsculo durante tanto tiempo debía ser enorme ahora.

Ansioso ante la posibilidad e inspirado por el éxito ajeno, descargó la foto. Cuánta fue su sorpresa al toparse con un animal tan grande como… un camión. Sí, solo un camión. Ni a casa económica llegada. Para colmo los cachorros al lado de su madre tendrían el tamaño de una bicicleta cada uno. Qué pérdida de tiempo.

Siguió navegando, todos parecían tener perros gigantes menos él. O mejor dicho, cualquier perro parecía inmenso ante el suyo ya que ni perro tenía.

Desistir de la idea fue lo siguiente, o eso intentó, repitiéndose una y otra vez que los perros gigantes eran para gente tocada con una varita mágica, o que los heredó o que los robó.

Los días pasaban y pasaban sin que el perro gigante saliera de su cabeza. Hasta que una bendita noche de insomnio, publicó en sus redes sociales con aire victorioso, recibiendo elogios, aplausos, admiración y preguntas.

“Me encanta mi perro gigante”.

“Miren como rompió la casa mi perro gigante”.

“Aquí mirando collares gigantes para perros gigantes”.

Fueron los primeros mensajes que una mujer vio medio dormida en la mañana, desde su celular, mientras esperaba que la tostadora terminara su trabajo.

—Ay, me encantaría tener un perro gigante. Con esos collares enormes, el perro de ese señor debe ser inmenso—dijo para sí antes de mirar a su chiguagua con desprecio.



domingo, 28 de febrero de 2016

Como ser un pseudo-defensor moral del siglo XXI (En 5 sencillos pasos)

¡Bienvenidos reyes y reinas de la libertad de expresión!

En pleno siglo XXI hablar de la libertad de expresión es la bandera más ostentosa de la Red. En una época en que lo decimos todo, terminamos no callando nada.

Tristemente esto termina muchas veces en hablar de más o hablar sin saber. Por lo que esta preciada bandera de la libertad de expresión se convirtió en el más brillante de los escudos en las Redes sociales.

Tanto así que muchos han decidido blandirla en pos de una moral ficticia con tal de tener una probadita de heroísmo desde la comodidad de sus casas.

Sí usted siempre quiso ser un héroe portador de la armadura blanca de la moral, aquí le dejamos 5 sencillos pasos para hacerlo. Más fácil, imposible.

Paso 1: Cree una cuenta en una Red social donde se prohíba expresamente material de carácter sexual, pornográfico, violento, sangriento o que incite al odio (entre tantos otros ejemplos). En caso de que la Red social escogida pida el uso de su nombre real, opte por uno falso.

Paso 2: Publique a conciencia los contenidos que se le advirtió no publicar porque serían eliminados.

Paso 3: Espere (o sí es impaciente, haga circular el contenido) hasta que algún moderador/administrador de la página lo descubra y lo borre.

Paso 4: Comience un escándalo en esta y otra Redes sociales alegando censura. De ser posible re-suba el contenido.

Paso 5: Siéntase rey o reina de la libertad de expresión.


Sé que después de leer esto muchos se habrán sentido tocados o recordaron a alguien que cabe perfectamente en este proceder. Probablemente ese alguien se sentiría muy ofendido al leer algo así. Después de todo estás en pleno siglo XXI ¡negándole la posibilidad de expresarse libremente!

¿Expresar qué? No sé. Que se compró un nuevo sostén que le alza el busto, que su pene le da tanto orgullo como para no mostrar la cara, o tal vez dar su opinión sobre cada baño en que entra. Como sea, no estás en derecho a privarlos de expresar... algo.

¿Dónde queda el derecho entonces de los dueños de esas Redes a elegir qué contenido se puede publicar? Hay muchas páginas que permiten subir este tipo de contenido "tabú" sin embargo no sirve hacerlo allí. Porque una persona que suba, por ejemplo, una foto pornográfica o erótica a un sitio de fotos pornográficas o eróticas, o que suba fotos violentas a un sitio gore o violento, no consigue forrarse con esa capa de la moral.

Es lamentable, pero esta forma de creerse parte de un algo que no es parte de nada, o sea, un anti-sistema dentro del sistema de Redes sociales, se volvió moneda corriente.

Si todo acabase allí tal vez no sería tan malo, pero estas cosas tienden a evolucionar y se han encargado no solo de nuestro propio contenido y la pseudo-defensa del mismo, sino del contenido de otros.

¿Alguna vez han visto una foto donde una persona con sobrepeso es agredida incesantemente en pos de la salud?

"Gordo asqueroso, te vas a morir de colesterol. No es sano", "Si esa tiene pareja, no estoy perdida", "Tengo derecho a decir que los gordos me dan asco. Hay que matarlos a todos si no los van a cubrir con una carpa", "Deberían respetarse a sí mismos".

Apuesto a que lo recuerdas aplicado a personas con sexualidades menos normativas, razas distintas a la blanca, hábitos alimenticios distintos, creencias políticas y religiosas, o gustos de cualquier índole.

Todo esto es un claro ejemplo de los 5 pasos mencionados con anterioridad, entonados con algunas variantes.

GRUPO DE GENTE QUE AMA A X

"X es una mierda, son todos unos enfermos. Z es lo mejor", "¿No tengo derecho a decir que Z es mejor que X?", "No me importa que este grupo sea exclusivo para gente que ame a X yo tengo derecho de venir insultar expresarme", "¡Me borraron del grupo, hijos de puta, censura, toda la X es una mierda!"

Cinco minutos de fama a la orden del día.

Pero si de verdad busca defender la libertad de expresión, temo decirle que no podrá hacer mucho desde una tableta, un celular o una computadora. Tarde o temprano será indispensable poner manos a la obra. Siendo aquí donde la careta de muchos se cae.

Los verdaderos defensores de la libertad no buscan 5 minutos de fama personal. Buscan la máxima expresión de ese derecho humano que es la libertad de expresión de todos y para todos.


sábado, 26 de diciembre de 2015

¿Quién te crees para ser alguien?

El único motivo por el que digo creer en esto es tener una excusa para mis insultos hacia alguien que no conozco pero que por algún motivo me hace sentir inferior. Alguien como tú.

No quiero escuchar tus razones. Ni siquiera quiero escuchar las mías. Si es necesario me valdré de la hipocresía y negaré todo lo que no me beneficie. Me quiero reír de tus luchas porque no tengo algo que me haga sonreír de felicidad.

Tus fracasos me hacen grande porque no se notan los míos. Aunque confieso que tengo pocos fracasos porque nunca intento nada.

Ey, escúchame, lee mis idioteces en mayúscula, dame un poco de atención porque no valgo nada. Sin tus éxitos soy un mediocre que nadie conoce. Si hiciste algo que te hizo feliz, ahí estaré para cuestionarte llamando a los demás perdedores para sentirme líder de algo en la vida.

Me desvelo pensando en cómo esquivar tu indiferencia cuando descubres que no valgo la pena.

Entiende, no tengo nada mejor que hacer, nada que aportar. Me invento que es un juego, que se tratan de chascarrillos inocentes pero la verdad es que no puedo parar. No sales de mi cabeza. Si no eres tú, serán los demás y si no son los demás, atacaré a los míos.

¡No sonrías, mierda! ¿No ves que estoy aquí?