martes, 29 de diciembre de 2015

¿Quién eres para Internet?

¿Qué te gusta de Internet? Admitamos que algo te gusta.

Quien haya sido navegante habitual de la red se ha enamorado de alguno de sus tantos beneficios. Piénsalo ¿cuántas veces quisiste mandar al demonio la Internet pero terminaste regresando? Si estás leyendo esto probablemente tengas Internet.

A mí me enamoró su anonimato. El de antaño obviamente.

Comenzaré diciendo que mis vueltas por Internet comenzaron en el cyber-café cuando tenía más o menos quince años. Por esa época casi nadie tenía Internet. Quienes la tenían no contaban con computadoras lo suficientemente potentes para los juegos, vídeos y demás. No podía cada integrante de la familia tener su propia computadora y conectarla al mismo tiempo. Por lo que era conveniente y económico ir al cyber cuando de pasar la tarde jugando online con los amigos se trataba.

Muchos sabrán que soy escritor. Mis inicios en el cyber fueron para pasar a computadora mis escritos en papel. Entre una cosa y la otra me guardaba imágenes en los disketts y hacía trabajos para la clase de computación. Me topé con fanfics, escribí algunos, me contacté con sus autores y comencé a hacerme de amigos.

Amigos que compartían mis gustos sin importar quién era. En Internet no solo “nadie sabe que eres un perro” sino que tampoco importaba si lo eras. Podías pasarte horas hablando con gente de temas que jamás soñaste hablar.

En mi curso los gustos eran muy clichés. Las chicas hablaban de chicos, bandas pop masculinas y ropa. Los chicos jugaban a la pelota, corrían por todo el patio y peleaban emulando personajes de dibujos animados.

Yo me sentaba contra la pared de ladrillos y escribía para mi ex mejor amiga. También jugaba a los autitos con ella y roleábamos con personajes originales.

Cuando la perdí me quedé solo con el amor a escribir e Internet me permitió volver a sentirme pleno con ello.

Pero como dice la canción “Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo”. Hoy Internet es indispensable para la mayoría de la gente en las ciudades. Ya sea como modo de entrenamiento, de aprendizaje, de información y de socialización.

En este último punto es en el que me detendré. Con la globalización y masificación de Internet nacieron las Redes sociales. Al principio uno formaba, o no, parte de ellas a gusto, pero hoy es casi imposible disfrutar de muchos contenidos sin ser parte de una al menos.

Puedo pronosticar que en uno o dos años más tardar la obligatoriedad del asunto sea del 100%.

El problema para mí no radica en tener que crear mil cuentas bobas sino en tener que asociarlas cada vez más a datos reales. Hoy conocer a alguien implica de inmediato conocer sus redes sociales, ver sus fotos, sus contactos, sus intereses, entre otras cosas.

En consecuencia la gente tiene más competencia que nunca y ha comenzado a aparentar al menos seis veces más que antes. Editando fotos, sacándose entre treinta y cuarenta antes de decidir cuál subir, mostrando sus mejores gustos, ocultando los que no considera tan buenos e inventándose la “vida soñada”.

Ojito, haré un paréntesis para que reflexionen ¿Soñada por quién?

Imaginemos un caso extremo para que mi punto quede claro. Una persona pederasta que sueña con tener la red de trata de niños menores de 5 años más grande el mundo para llenarse de dinero y cumplir sus más morbosas fantasías, no lo publicará en Facebook, se los garantizo. Seguramente pondrá fotos de vacaciones con su familia, autos, vestidos y demás.

Supongamos que ahora esto es solo una fantasía, no un deseo real ¿Crees que esta persona quiere que sepan con qué clase de fantasías se toca todas las noches?

Ahora llevemos esto a un terreno más liviano.  La gente que pone lo feliz que pasó la Navidad o lo bien que está con su pareja de forma constante. Esa gente que necesita más que el aire mostrar lo bien que está. ¿Crees que esa persona quiere que sepan que no todo es color de rosa?

Esta regla se aplica a infinidad de casos. Pero en mi propia conclusión puedo decir que la gente que no hace ni necesita hacer esto (en mayor o menor medida) no tiene casi contacto con las Redes sociales.

Agreguemos la diversidad de opiniones. Hoy todos podemos opinar y ser juzgados. No desde el anonimato enteramente, sino desde la distancia. ¿Qué puedes hacer si una persona que vive en otro continente te insulta y te acosa más que bloquear?

No todos tienen una plena seguridad en sí mismos. Una palabra hiriente suele cambiar el humor de al menos la mitad de las personas (y creo que me quedo corto). Como siempre, no es la misma medida para todos.

Retomando el hilo, a mí me gustaba el anonimato de Internet. Siento mucha presión tanto de las corporaciones como de la sociedad para unirme a todo esto de las Redes sociales o Social Media.

El otro día para comentar en una página de un diario muy conocido de aquí (cuyo nombre coincide con el del monopolio tras él) poco y más me pedían una radiografía y un parte médico.

Leyendo los términos y condiciones dejaban claro que mis datos serían usados a su antojo. El problema es que no daban opción para comentar sin dar los datos, confirmar la cuenta y tomar otros datos de otras redes sociales para hacer también con ellos su voluntad ¡Hasta el número de documento querían saber!

Finalmente, con un Facebook falso ligado a mil cosas falsas me saqué las ganas de comentar tras casi una hora de llenar registros, anular cookies y usar ventanas de anónimo.

Por cierto, si quieren asustarse dediquen un ratito a leer los términos y condiciones de las redes sociales que usan. Hablaré en otro apartado mi lucha con cerrar mi cuenta de ASK.fm y mis problemas actuales con Yahoo.

Los tiempos han cambiado. Hoy en Internet todos saben que eres un perro.

Y yo como siempre, o sea jodido, quiero seguir siendo un gato.


lunes, 28 de diciembre de 2015

Cierre del año 2015

A pesar de no gustarme hablar mucho de mi vida privada, creo que es necesario hacer un cierre del año aunque sea por encima.

Fue de los peores años. Un constante descenso, tropezón, tropezón, caída y más caída cuando la cima de la gran montaña comenzó a ser una realidad.

A fines prácticos me siento nuevamente en la base. Pero creo que siendo objetivo estoy al menos un cuarto de camino más arriba de esta. Mi mente se enriqueció mucho a lo largo del tiempo.

En un esfuerzo extremo por buscar algo de positivismo preferí callarme solo para quedar asombrado ante las vueltas que nuestra existencia conlleva.

Siendo hoy veinte ocho de diciembre (a tan solo tres días de fin de año según el calendario gregoriano bajo el cual fui criado) creo que el positivo tan ansiado dio atisbo de existir.

Sin embargo, no sería yo sin comenzar por lo malo y lo no tan malo. Así que tomen asiento porque no sé cuánto me voy a tomar.

Era broma, solo mencionaré que luego de dos años de idas y vueltas la despedida con mi compañera de rol online, llegó. Justa y necesaria, sin anestesia pero en buenos términos.

Para los que no lo saben me recupero a una velocidad astronómicamente alta cuando de pérdidas y duelos se trata. Las peleas y hasta las muertes, me pueden sacar una hora de lágrimas o menos. Por algún motivo mi cabeza entiende con facilidad lo inexorable.

¡Ah, pero las incertidumbres, esa si las sufro como un hijo de puta!

He llorado más por ella estos últimos dos años que… bueno, no he llorado el adiós. Fue un alivio quitarme esa espera de los hombros. La quiero como siempre la quise, pero ahora forma parte de un lindo baúl de recuerdos felices. Si algún día vuelve, aquí estaré para ella. Si no, le deseo lo mejor y le agradezco por todo.


El resto de mis pesares están relacionados a política, dinero, pareja, salud, familia y amistad (Advertí que fue un año fatal).


Retomando la senda optimista, el mayor logro de este año fue inesperado. Creo, pero sin total certeza (no me gusta ilusionarme antes de tiempo) que he encontrado ese lugar de pertenencia. No se trata de un espacio donde comparto algunos gustos pero sin sentirme pleno. Se trata de algo más grande de lo que me siento parte y me llena.

No será fácil y requerirá que mis fuerzas mentales estén intactas. Porque con tan poco tiempo de este descubrimiento ya noto los golpes.

No estoy interesado en ahondar mucho en el asunto, así que me limito a contar que me siento bien con esto que he encontrado. Seguramente más adelante escriba al respecto y me explaye un poco más.

Agradezco a todos mis amigos y compañeros de Internet por estar a mi lado. Mencionaría a los amigos en persona pero este año estuvimos más distanciados que nunca. Gracias a quienes me tienen paciencia y a los que no me soportan pero se quedan también porque me quieren.

No he cumplido una sola meta este año y he tirado las que cumplí en años anteriores por la borda. El calor no ayuda a mi espíritu festivo evidentemente. En conclusión: este año da asco.


sábado, 26 de diciembre de 2015

¿Quién te crees para ser alguien?

El único motivo por el que digo creer en esto es tener una excusa para mis insultos hacia alguien que no conozco pero que por algún motivo me hace sentir inferior. Alguien como tú.

No quiero escuchar tus razones. Ni siquiera quiero escuchar las mías. Si es necesario me valdré de la hipocresía y negaré todo lo que no me beneficie. Me quiero reír de tus luchas porque no tengo algo que me haga sonreír de felicidad.

Tus fracasos me hacen grande porque no se notan los míos. Aunque confieso que tengo pocos fracasos porque nunca intento nada.

Ey, escúchame, lee mis idioteces en mayúscula, dame un poco de atención porque no valgo nada. Sin tus éxitos soy un mediocre que nadie conoce. Si hiciste algo que te hizo feliz, ahí estaré para cuestionarte llamando a los demás perdedores para sentirme líder de algo en la vida.

Me desvelo pensando en cómo esquivar tu indiferencia cuando descubres que no valgo la pena.

Entiende, no tengo nada mejor que hacer, nada que aportar. Me invento que es un juego, que se tratan de chascarrillos inocentes pero la verdad es que no puedo parar. No sales de mi cabeza. Si no eres tú, serán los demás y si no son los demás, atacaré a los míos.

¡No sonrías, mierda! ¿No ves que estoy aquí?


viernes, 25 de diciembre de 2015

Filósofo político

¿Dónde está el filósofo? ¿Viste lo de Alfonsín?

Mientras que la primera pregunta nos lleva inmediatamente a preguntarnos ¿de qué filósofo está hablando?, la segunda nos lleva a preguntarnos qué pasó con Alfonsín.

Por miedo a parecer incultos con la primera pregunta daremos una opinión muy difusa llena de palabras complicadas para que quede claro que sabemos dónde se ha metido ese filósofo.

Con la segunda pasa algo similar. Asentiremos con la cabeza y opinaremos tan fugazmente como nos sea posible. Si tenemos suerte no repreguntarán.

Como dijo un filósofo “De Alfonsín solo sé que no sé nada”


No te rindas, consume más

No te rindas, consume más.

Tú puedes hacerlo, solo necesitas cobrar por ello. ¿O no todas las compañías exitosas lo hacen?

No regales tu trabajo, tus cuentas no se pagan solas. Con el mundo como está ahora es bueno que ahorres para la vejez.

Por solo unos dólares al mes podemos atraer tantas visitas como las páginas más importantes a nivel mundial. Páginas que hoy sustentan a muchas familias y que comenzaron como tú, publicitando con nosotros.

Tu éxito se mide con nuestro éxito. Somos los más exitosos en llenar de publicidad tus trabajos y convencerte de que también lo hagas. No queremos que tengan una imagen formidable de ti a no ser que pagues por ello.

Por solo unos dólares más podemos aumentar el monto que obtienes por cada mil visitas. Es el negocio de tu vida, no puedes dejarlo pasar.

Los mediocres que venden su trabajo en las esquinas rehuyeron a esta oportunidad. ¿Qué estás esperando? El tren de la vida pasa una sola vez.

Lo que amas tiene precio.


Triste Navidad

La Navidad es una fecha donde no solo se celebra el nacimiento de varias deidades o seres de la misma estirpe. También es una fecha que representa el lado más consumista de las sociedades que la festejan.

Están los que compran regalos, comida de invierno (aunque sea verano en la mitad del mundo), se dan licencia para romper dietas que jamás empezaron y tiran fuegos artificiales. Por otro lado, están los que compran ideas de unión, familia, amigos o religión. Sea como sea estás consumiendo una idea de qué se debe hacer en Navidad.

Como gran defensor del placer vicioso, puedo admitir que cuando era chico lo único que me gustaba de la fecha en cuestión eran los regalos. Mis listas eran extensas y pretenciosas. En una época difícil de mi país, yo pude darme el lujo de ser un malcriado consentido.

Al crecer los regalos desaparecieron. Pero con ello no se fue el interés. Soy un amante de lo que aquí llamamos “el buen comer” (Entiéndase comer hasta no poder hacer mucho más que dormir). Como gordo de alma y de cuerpo, fue un golpe muy bajo cuando las críticas de mi familia hicieron de cada cena navideña un recordatorio de mi peso. Los atracones durante el año y mi dieta llena de excesos valían poco y nada. Era en la Navidad en que tenían que recordármelo y prohibirme comer a gusto.

Sin comida, sin regalos y sin creencias bíblicas, mi placer podía ser el simple dormir y aprovechar el feriado. Pero no, los años que conviví con mi familia biológica fueron de tensas desveladas ante una mesa llena de comida que no podía tocar. Discusiones entre mis padres y el aire viciado de mala vibra. Ni mis hermanos ni yo queríamos estar ahí fingiendo sonrisas que no existían.

Apuesto a que mis papás tampoco quisieron fingir. Mi papá era más bien de actitud resignada ante el fracaso que resultó ser nuestra familia en lo que a unión navideña concierne. En cambio mi mamá lucha hasta el día de hoy por lograr esa imagen que te venden las publicidades yankees.

Porque admitámoslo, en pleno verano sería más realista ver una familia comiendo helado y tal vez una ensalada de frutas, en vez de familias con sweteres horrendos, ante una chimenea y comiendo pavo (aquí se habitúa más comer pollo o carnes rojas).
Siempre fui muy empático y me bastaba estar allí para saber que nadie estaba cómodo. Que solo esperábamos la pelea tras un largo día de cocinar platillos que mucho no gustan en mi casa.
No se puede escapar de la Navidad. Gracias que es una vez al año. Porque sin comer, sin creer y sin un peso, sería terrible que durase más.

Me considero consumista, me encanta comprar cosas. Incluso ver gente comprar cosas me alegra. Soy amante de esos programas en que se gastan millonadas en cosas superfluas.

Sin embargo también soy un firme defensor de consumir a conciencia. Nada me molesta más que esos objetos que nacieron para romperse o cambiarse al pasar de las modas. Mis gustos son muy estrictos a pesar de los años.

Este fue mi primer año sin arbolito de Navidad. Este simple acto me abrió los ojos. No me gusta esta fecha. La considero calurosa como cualquier día de verano, restrictiva en cuanto alimentación y presupuesto, y bulliciosa si tengo en cuenta cohetes, sirenas de bomberos, policía y vecinos.

Mi poca paciencia merece un monumento de pan dulce, ya que cuidar a los perros en ese estado de nervios supone un esfuerzo más allá de que tolero.

Este año no tuvo nada bueno. Si tuviera que resaltar un positivo solo podría mencionar un logro en un juego online. Mis metas nunca estuvieron más lejos de cumplirse. Fue un año en que retrocedí el esfuerzo de los anteriores. No tengo nada que festejar. No hay salud y no hay dinero.

Antes de que mencionen el amor, solo diré que lo cultivo como puedo todos los días y no veo la necesidad de festejarlo. Mi novio fue muy comprensivo esta vez. Hice lo que pude por poner la mejor onda y pasar la noche. Me siento en falta con él pero a penas puedo conmigo mismo.

Quisiera poder hacer más que una buena cena. Quiero darle regalos y hacerlo feliz. Él es muy familiero, le gustan ese tipo de cosas. Espero que la Navidad que viene se vaya con su familia así yo puedo pasar la noche tranquilo en la medida de lo posible.

Quiero alimentar mi espíritu consumista pero el país cayó en una situación complicada. Mis nervios no me dejan tranquilo. Temo por mi salud y la suya.

Haré lo posible para que este fin de año todo salga bien. Sé que puedo, solo está llevando más tiempo del esperado.

Por último un consejo, dejen de cocinar más de lo que van a comer. Este año compramos lo mínimo indispensable y no ha sobrado nada. Podemos retomar la vida normal tan pronto como al día siguiente y es una caricia al tan golpeado bolsillo.