La Navidad es una fecha donde no
solo se celebra el nacimiento de varias deidades o seres de la misma estirpe. También
es una fecha que representa el lado más consumista de las sociedades que la
festejan.
Están los que compran regalos,
comida de invierno (aunque sea verano en la mitad del mundo), se dan licencia
para romper dietas que jamás empezaron y tiran fuegos artificiales. Por otro
lado, están los que compran ideas de unión, familia, amigos o religión. Sea
como sea estás consumiendo una idea de qué se debe hacer en Navidad.
Como gran defensor del placer
vicioso, puedo admitir que cuando era chico lo único que me gustaba de la fecha
en cuestión eran los regalos. Mis listas eran extensas y pretenciosas. En una
época difícil de mi país, yo pude darme el lujo de ser un malcriado consentido.
Al crecer los regalos
desaparecieron. Pero con ello no se fue el interés. Soy un amante de lo que
aquí llamamos “el buen comer” (Entiéndase comer hasta no poder hacer mucho más
que dormir). Como gordo de alma y de cuerpo, fue un golpe muy bajo cuando las
críticas de mi familia hicieron de cada cena navideña un recordatorio de mi
peso. Los atracones durante el año y mi dieta llena de excesos valían poco y
nada. Era en la Navidad en que tenían que recordármelo y prohibirme comer a
gusto.
Sin comida, sin regalos y sin
creencias bíblicas, mi placer podía ser el simple dormir y aprovechar el
feriado. Pero no, los años que conviví con mi familia biológica fueron de
tensas desveladas ante una mesa llena de comida que no podía tocar. Discusiones
entre mis padres y el aire viciado de mala vibra. Ni mis hermanos ni yo
queríamos estar ahí fingiendo sonrisas que no existían.
Apuesto a que mis papás tampoco
quisieron fingir. Mi papá era más bien de actitud resignada ante el fracaso que
resultó ser nuestra familia en lo que a unión navideña concierne. En cambio mi
mamá lucha hasta el día de hoy por lograr esa imagen que te venden las
publicidades yankees.
Porque admitámoslo, en pleno
verano sería más realista ver una familia comiendo helado y tal vez una
ensalada de frutas, en vez de familias con sweteres horrendos, ante una
chimenea y comiendo pavo (aquí se habitúa más comer pollo o carnes rojas).
Siempre fui muy empático y me
bastaba estar allí para saber que nadie estaba cómodo. Que solo esperábamos la
pelea tras un largo día de cocinar platillos que mucho no gustan en mi casa.
No se puede escapar de la
Navidad. Gracias que es una vez al año. Porque sin comer, sin creer y sin un peso,
sería terrible que durase más.
Me considero consumista, me
encanta comprar cosas. Incluso ver gente comprar cosas me alegra. Soy amante de
esos programas en que se gastan millonadas en cosas superfluas.
Sin embargo también soy un firme
defensor de consumir a conciencia. Nada me molesta más que esos objetos que
nacieron para romperse o cambiarse al pasar de las modas. Mis gustos son muy
estrictos a pesar de los años.
Este fue mi primer año sin
arbolito de Navidad. Este simple acto me abrió los ojos. No me gusta esta
fecha. La considero calurosa como cualquier día de verano, restrictiva en
cuanto alimentación y presupuesto, y bulliciosa si tengo en cuenta cohetes,
sirenas de bomberos, policía y vecinos.
Mi poca paciencia merece un
monumento de pan dulce, ya que cuidar a los perros en ese estado de nervios
supone un esfuerzo más allá de que tolero.
Este año no tuvo nada bueno. Si
tuviera que resaltar un positivo solo podría mencionar un logro en un juego
online. Mis metas nunca estuvieron más lejos de cumplirse. Fue un año en que
retrocedí el esfuerzo de los anteriores. No tengo nada que festejar. No hay salud
y no hay dinero.
Antes de que mencionen el amor,
solo diré que lo cultivo como puedo todos los días y no veo la necesidad de
festejarlo. Mi novio fue muy comprensivo esta vez. Hice lo que pude por poner
la mejor onda y pasar la noche. Me siento en falta con él pero a penas puedo
conmigo mismo.
Quisiera poder hacer más que una
buena cena. Quiero darle regalos y hacerlo feliz. Él es muy familiero, le
gustan ese tipo de cosas. Espero que la Navidad que viene se vaya con su
familia así yo puedo pasar la noche tranquilo en la medida de lo posible.
Quiero alimentar mi espíritu
consumista pero el país cayó en una situación complicada. Mis nervios no me
dejan tranquilo. Temo por mi salud y la suya.
Haré lo posible para que este fin
de año todo salga bien. Sé que puedo, solo está llevando más tiempo del
esperado.

No tenia idea
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