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martes, 3 de mayo de 2016

El gran perro invisible

El gran perro invisible

Se despertó. Arrastrando los pies fue a la computadora y la encendió, luego fue al baño y regresó con una taza de café y unas galletas. Tomó asiento y comenzó a navegar como era costumbre los fines de semana en la mañana.

Recorrer el inicio en sus redes sociales lo llevó a un artículo interesante.

“Los diez perros más grandes del 2015”.

Como la gran mayoría de esos artículos, solo consistía en unas míseras líneas copiadas de la Wikipedia acompañadas de la primera foto que saliera en Google al poner el nombre del amo del perro en cuestión.

Diez animales magníficos, uno más grande que el otro. Algunos tan inmensos que no cabían en una casa alta, o en ninguna cucha que él hubiera visto antes.

A pesar de todo, el último sorbo de café le supo a derrota. Ojalá pudiera tener un perro así y mostrarlo a todos sus conocidos. El sueño de toda una vida...

Como quien nada pierde entró a una página de ventas online.

“Perros gigantes”.

Algunos anuncios vendían perros grandes como un auto, pero nada semejante a los que vio en el artículo hacía menos de una hora. También encontró otras ofertas que lo inundaban todo.

“Haga crecer a su perro hasta el techo en una semana”, “Cachorros de perros gigantes”, “Cursos para adiestramiento y sano crecimiento para perros gigantes”.

¡Santo cielo, qué caros eran tan solo los perros tamaño auto! Si su familia entera hubiese ahorrado el sueldo de toda una vida, apenas podrían comprar uno. Ni hablar de alimentarlo y mantenerlo de ese tamaño. Porque eso pasaba con los perros gigantes, si no se los cuidaba bien sufrían una suerte de desinflado.

Frustrado el hombre dirigió una mirada de desdén a su mascota, un caniche flacucho con el pelo mal cortado que acababa con toda posibilidad de ahorro. A pesar de que el animalito siempre movía la cola y nada le reprochaba a su dueño, este lo aborrecía.

Con resignación miserable, abrió la puerta para que este saliera a hacer pis. Tal vez con un golpe de suerte y el bicho se escapaba.

En frente una vecina lo saludó. Tenía un lindo perro bastante gordo que le llegaba a la cintura, que parecía cruza con labrador.

A penas contestó el saludo de la mujer, avergonzado de su propio perro, buscó calles tranquilas y una plaza.

Allí los niños jugaban con cientos de perritos más chiquitos incluso que su caniche. Pero los niños y los perros son especímenes raros ¿Qué saben esos de tamaño?

—Lindo perro, señor—se atrevió a decir un niño insolente mientras acariciaba la cabeza del vergonzoso animal.

Así, entre una cosa y otra, el caniche terminó en la plaza de los mini perros ignorados, jugando con los jóvenes quienes parecían ser los únicos que les prestaban atención.

Estaba resuelto, tendría un perro grande como un castillo. Regresó corriendo a su casa y a la computadora.

“Perros gigantes gratis”, “Como obtener un perro gigante gratis”, “Regalo perro gigante”. Nada.

“Hacer crecer perro en un día”, “Trucos para tener un perro gigante”, “Alimentos gigantes agranda perros”. Nada. No tenía tiempo, dinero, ni ganas para probar algo de eso.

Finalmente optó por preguntar de forma directa en foros y páginas de preguntas y respuestas ¿Cómo puedo conseguir un perro gigante gratis?

Entre varias respuestas que remitieron a las páginas de consejos antes mencionadas, hubo una más extensa que las demás:

“Señor, tengo un perro gigante que tuvo cachorros gigantes también. No tenía mucho dinero para cuidarlo, así que lo adopté cuando era tan pequeño como un dedal. Si viera lo pequeño que era y la poca fe que inspiraba. Pero yo también quería un perro gigante y por eso lo alimenté con lo que pude. A veces sacrifiqué horas de sueño y trabajé hasta tarde para darle de comer y que se inflara un poco más. Estuve tentada a desistir varias veces. Ante el menor descuido el animal se me desinflaba de nuevo.
Con el tiempo aprendí cosas y de a poco fue creciendo. Doce años desde que lo adopté, a la fecha, sin descuidarlo ni un solo día (aun cuando a veces crecía y otras se achicaba) conseguí mi perro gigante que ya tiene dos camadas que, le garantizo, traen en los genes ser perros gigantes. Le sorprenderá ver cuán guardianes e independientes son. ¡Hasta lo cuidan a uno! Si le interesa un cachorro, le adjunto una foto.”

Lo que se achicaba y agrandaba en él era su voluntad, un comentario muy largo. Casi cierra todo cuando leyó lo de los doce años. Pero vaya, si esa mujer cuidó de un perro minúsculo durante tanto tiempo debía ser enorme ahora.

Ansioso ante la posibilidad e inspirado por el éxito ajeno, descargó la foto. Cuánta fue su sorpresa al toparse con un animal tan grande como… un camión. Sí, solo un camión. Ni a casa económica llegada. Para colmo los cachorros al lado de su madre tendrían el tamaño de una bicicleta cada uno. Qué pérdida de tiempo.

Siguió navegando, todos parecían tener perros gigantes menos él. O mejor dicho, cualquier perro parecía inmenso ante el suyo ya que ni perro tenía.

Desistir de la idea fue lo siguiente, o eso intentó, repitiéndose una y otra vez que los perros gigantes eran para gente tocada con una varita mágica, o que los heredó o que los robó.

Los días pasaban y pasaban sin que el perro gigante saliera de su cabeza. Hasta que una bendita noche de insomnio, publicó en sus redes sociales con aire victorioso, recibiendo elogios, aplausos, admiración y preguntas.

“Me encanta mi perro gigante”.

“Miren como rompió la casa mi perro gigante”.

“Aquí mirando collares gigantes para perros gigantes”.

Fueron los primeros mensajes que una mujer vio medio dormida en la mañana, desde su celular, mientras esperaba que la tostadora terminara su trabajo.

—Ay, me encantaría tener un perro gigante. Con esos collares enormes, el perro de ese señor debe ser inmenso—dijo para sí antes de mirar a su chiguagua con desprecio.



lunes, 21 de marzo de 2016

Macetas ecológicas súper fáciles para cuidar el medio ambiente. ¡Con fotos! (No aprenderás a hacer macetas)

Tengo leídos muchos artículos que tratan el tema del reciclaje, el cuidado del medio ambiente y sus recursos. Los más modernos lo enfocan desde la reutilización de objetos como botellas y cucharitas de plástico, uso de bolsas biodegradables, cuidado del agua o reciclado de papel en casa con tus hijos.

Me temo que es como querer tapar el sol con un dedo. Una gran mentira que más que proteger nuestro mundo y a sus habitantes, busca proteger las buenas costumbres y la buena imagen moral de las personas.

La contaminación producida por los individuos es una consecuencia. Por lo tanto la solución no está en manos de los mismos. Nunca se nos invita a pensar. Como muchos sabrán, estamos en una era en que se busca el mayor consumo posible.

Tomemos el ejemplo de las botellas y las cucharitas. Supongamos que un artículo nos enseña cómo  hacer macetas bonitas con botellas. Bien ¿cuántas macetas se deberían terminar  para que todas y cada una de las botellas que consume una familia se usen para algo? ¿Qué sucede con los restos de estas botellas? ¿Qué pasa con los contaminantes dentro de los materiales para hacer esta artesanía?

Conste que no digo que esté mal. El error está en el enfoque. No son notas que vayan dirigidas a personas con ganas de hacer manualidades en su tiempo libre, sino a personas “salva planetas” (o salva caretas).

Es común que en los envases y publicidades de los mismos se mencione con orgullo enfermizo que cada uno tiene X cantidad de material reciclable. Pero lo que mucha gente no sabe es que, en Argentina, hay una sola empresa que recicla el plástico pet (el que usan las botellas descartables), y que el reciclado de una botella consume y contamina más agua que su producción. Tampoco saben que sin una recolección adecuada y la consciente clasificación de residuos, la mayoría de estos envases terminan en cualquier lado menos en la recicladora.

La solución sería sencilla. Hacer todos los envases retornables. Ayudaría a la reducción de costos, precios finales, y disminuiría MUCHO los desechos de plástico. Incluso podrían pensarse versiones de vidrío.

Siguiendo con los ejemplos, tomaré el de no usar tanta agua. El discurso dice que escasea y es cierto. Pero ¿por qué escasea? Si dejo abierto el grifo de mi casa y dejo que el agua fluya, llegará al desagüe y finalmente al río, donde será tomada de nuevo y potabilizada otra vez. Si arrojo un litro de agua al suelo, se va a secar y lloverá de nuevo. ¿Cómo se acaba entonces?

Se acaba cuando se contamina tanto que no puede reutilizarse. Se contamina por la cantidad terrible de porquerías que las fábricas arrojan. Los derrames de petróleo son desastres menores en comparación a lo que se hace día a día por los fabricantes.

Los químicos que pintan la ropa, que conservan las comidas, que perfuman los baños... Todo lo que te puedas imaginar termina dejando en ridículo a la persona que cierra su grifo cinco minutos antes al ducharse. Después de todo, si utiliza shampoo ya estará contaminando todos los litros de agua con la que los restos de su shampoo perfumado, teñido y lleno de químicos, con su correspondiente botella, tenga contacto.

Con el papel reciclado sucede lo mismo. Se generó un tabú inmenso sobre las bolsas de papel. Para los que no lo saben, el papel viene de los árboles y algunas plantas, es completamente biodegradable. Esto quiere decir que se podría usar incluso como abono para otros árboles. El problema es que no se plantan nuevos donde se taló otros. Y un recurso que podría ser infinito, escasea (sin hablar de las catástrofes climáticas que propensa). Si como dicen las propagandas, se deforesta un espacio similar al de cientos de estados de fútbol al día para producir papel, es porque hay mucho de donde talar. Si no se acabó todavía es porque queda. Lo que a su vez quiere decir que tranquilamente hay tiempo de reponer las zonas vaciadas.

¿Alguna vez se preguntaron porqué los desodorantes a bolilla (o rol-on) no vienen con tapa a rosca? Se podrían usar repuestos, cada integrante de la casa podría tener su propio frasquito, y habría millones de millones de envases y bolillas de plástico menos de las cuales preocuparse.

Sobre esto es lo que quiero hablar. Las corporaciones están detrás de todo esto, las fuerzas económicas que conducen el mundo son más fuertes incluso que las fuerzas políticas. Un poder inimaginable y ruin que solo busca el consumo de productos de forma continua para generar dinero. Comprar, tirar, comprar de nuevo.

No les sirve que la gente compre un solo desodorante. Porque el envase y la marca le dan valor agregado. Si uno sacara números de lo que sale producir una sola unidad se daría cuenta que el precio al que lo adquirimos es una falta de respeto.

Esto que menciono es aplicable también a la producción de alimentos que hoy en día nos enferma tanto. O de la industria farmacológica y su eterna cura para el cáncer. La mayoría de los cánceres se evitarían con prevención, con el no-consumo de ciertos químicos o productos con tratados inadecuadamente. La cura debería ser solo para los que padecen de este terrible mal por cuestiones genéticas, no por comer porquerías, respirar aire sucio, beber agua infectada de quien sabe qué.

Soy utópico, lo sé. Pretendo ir en contra de todo un sistema que más que capitalista es consumista, replantear hasta las reglas de la publicidad y el mercado. Pero soy humano y soy uno de pocos, solo no puedo.

Entonces, imagino que querrán saber qué pueden hacer personas corrientes entonces para ayudar al medio ambiente.

Primero, evita como puedas el consumo de productos contaminantes. Las jarras, botellas y contenedores de vidrio pueden ser tus mejores amigos y los de tu salud. Pañales y bolsas de tela de algodón o similares cuidarán del mundo, de tu bebé y de tu bolsillo como no te imaginas.

Segundo, infórmate. Lee todo lo que puedas al respecto, saber es poder. Cuestiona lo que te venden.

Tercero, no calles y piensa. La unión hace la fuerza, como estás leyendo este artículo otras personas pueden leerlo. Mientras más gente piense, más soluciones ingenian.

Cuarto, sé creativo, nunca se sabe cómo algo obvio para uno puede revolucionar el mañana. Como por ejemplo mis sencillos desodorantes con tapa a rosca y repuestos.

Cinco, no te culpes, perdónate. Si un día estás cansado y usas una bolsa de plástico, una botella no-retornable, no importa, no abandones todo. Sé el ejemplo. La bolsa que uses no anulará las muchas que no. Cinco veces que uses una cuchara de metal serán por siempre cinco veces que no usaste una de plástico.

Sexto (y el más complejo a mi entender) piensa en grande. Si puedes generar movimientos y políticas que apoyen un mundo distinto, tarde o temprano te harás de una voz. Es por esto que no sirve hacer macetas para salvar el mundo, porque te mantiene creyendo que el problema es tu culpa. El problema es inmenso y necesita una movilización igual de grande. Mientras más gente tome conciencia más se puede hacer.

Luchemos porque que el día de mañana podamos reciclar papel con nuestros hijos como pasatiempo de fin de semana y no para creernos más buenos y ecológicos salva-planetas que nadie.


jueves, 7 de enero de 2016

Borrón y cuenta nueva. Del anonimato y la doble vida al prontuario virtual.


 Suena linda y esperanzadora la frase “Borrón y cuenta nueva” sobre todo a comienzo del año. Sin embargo esto puede volverse una tarea titánica en pleno 2016.

La historia comienza conmigo googleando mi nombre. Como era de esperarse lo primero en saltar a la vista era mi Facebook. Lo segundo, una serie de comentarios hechos desde esa cuenta.

Tengo la suerte de no avergonzarme de las cosas que digo, ahora. Cuando era chico e Internet era otra cometí una serie de imprudencias que quise corregir.

Entre estas, suscribirme a páginas varias y dar datos íntimos que creí, estaban cuidados. Así fue como con el tiempo tuve cuentas en todos lados, ya sea por recomendaciones de amigos o las tendencias y modas que pasaron.

Participé en foros, Yahoo Respuestas, Ask.fm, Facebook, Twitter, Taringa!, YouTube y casillas de comentarios de diarios, revistas y blogs.

Recomiendo encarecidamente googlearse a uno mismo para ver hasta donde la gente sabe de nosotros. Nuestra imagen es algo que todavía se puede controlar. No tener en absoluto secreto como antes, pero sí regular.

En mi caso tengo cierta fama en Internet y hace necesario cuidarse un poco más, aunque obviamente no soy lo que se considera un famoso o una figura “importante”.

Difícil tarea si las hay ahora que todo el mundo parece necesitar conocer hasta el rincón más recóndito de tu existencia para juzgar tu valía como persona. ¿A quién no le ha pasado toparse con desconocidos que sin reparo piden las direcciones de tus Redes Sociales? Y luego, suponiendo que aceptas, revisan con hambre morboso todas y cada una de tus carpetas y publicaciones para luego concluir con “Qué linda eres” o, en mi caso, “Revisé todo y no encontré fotos tuyas”.

No sé ustedes, pero a mí se me hace bastante escabroso el asunto. Similar a que alguien entrase en mi casa y revisara todos mis cajones, libros y heladera para luego decirme “Deberías comprar más calzoncillos” o “No puedo creer que tengas ese libro de porquería”.

Volviendo al tema principal, decidí borrar algunas cosas. Tengo muchas cuentas y es difícil dedicarles el tiempo óptimo para que sean útiles.

Tras el comienzo de esta ardua labor, descubrí que hoy en día es prácticamente imposible comentar sin pertenecer a Redes Sociales. Lo cual no sería malo del todo, dejando por fuera lo engorroso de crear cuentas, si no pidieran datos reales con la amenaza de cerrarlas al descubrir la falsedad de los mismos.

Actualmente cuido mi Facebook y varias de mis redes como si fueran oro, porque al ser creadas en época en que brindar un número de celular no era obligatorio, lo son.

Como mencioné en mi entrada anterior ¿Quién eres para Internet?, hace unos días intenté comentar en la página de un reconocido diario de mi país (cuyo nombre coincide con el del monopolio tras él).

Luego de tomarme un minuto para leer los términos y condiciones del servicio, quedé horrorizado. No aceptaría semejante cosa. Tuve que valerme de un montón de trucos para comentar y ¡Ah, sorpresa! me filtraron el comentario por no ser partidario del punto de vista del diario, aun cuando siempre soy muy respetuoso al comentar. Indignado intenté de nuevo y acusé lo ocurrido anteriormente. Esta vez no hubo problemas, sin embargo creo que se debe a que pasado el tiempo de notoriedad de la noticia (que suele ser entre 12 y 24 horas) no hacía falta censurar. El resto de la anécdota no viene al caso.

Seguí googleando palabras clave relacionadas conmigo obteniendo como resultado el resto de mis redes. Finalmente decidido comencé a borrarlas. Chau Twitter y chau… Bueno, nada más, ahí se complicó el asunto.

El primer problema comenzó con Ask.fm. Sacaron la opción de eliminar la cuenta por completo y entre los términos y condiciones ponían claramente “Si no quieres que alguien vea tu información no la subas, nosotros no la vamos a borrar”. Vueltas y vueltas (toda una tarde después) descubrí como eliminarla. Hay que enviar un ticket pidiendo expresamente (en inglés) que eliminen todo rastro de tu cuenta. Luego llegaría un mail (también en inglés) pidiendo datos para borrarla. Nombre de usuario, E-mail enlazado a la cuenta, fecha aproximada de creación (la tenía con exactitud) e IP (Sí, IP. No me lo creo aún). Como tengo ingenio en estas cosas y se me dan bien, no hubo problema. Caso cerrado, en 40 días mi cuenta estaría dada de baja.

Con Taringa! no se puede. Lo siento. Puedo recomendarles cambiar su información personal, unirla a un e-mail que nadie conozca pero no podrán cambiar nombre de usuario. Solo desactivar.

Con Facebook es posible, pero si quieres que la información sea borrada del banco de datos de la empresa y del caché de Google, debes borrar todos y cada uno de tus datos manualmente. Esta última tarea me llevó unas semanas. Solo han quedado algunos comentarios aislados y likes.

Yahoo Respuestas ha cambiado su política de privacidad. No se borrarán tus preguntas a menos que elimines la cuenta de e-mail. Tampoco se puede editar el avatar de Yahoo 360 que los veteranos como yo conocemos. Ahora lo máximo a lo que puedes acceder es poner como anónimo cada uno de tus comentarios de forma manual.

Con YouTube se da el mismo caso. Pero en líneas generales las redes de Google+ me gustan mientras estén reguladas y no deseo deshacerme de ellas.

Para quien se pregunte porqué este énfasis en borrar cosas así, le diré que imagine el día de mañana (o pasado) en que alguien importante para ustedes googlee tu nombre y se tope con fotos tuyas en situaciones que no quisieras o diciendo cosas que no te favorecen ¿Realmente quieres que tu hijo, por poner un ejemplo, vea tus selfies en el baño? Peor aún si son obscenas.

¿Quieres que tu pareja vea todos tus likes y comentarios guarros a vídeos que ni te acordabas que viste?

¿Quieres que tus amigos lean comentarios tuyos escritos como si no te funcionara el teclado (o la capacidad motriz de los dedos) diciendo cosas como “MONO, JAJAJAJA, ASCKO, GORDA PETERA, MORITE ENFERMMMOOOOOOOOOO!!! PPRPRPRPRPRPRP”?

En mi caso particular me moriría de vergüenza. Pero obviando la pena, esto puede costar un trabajo o tu propia imagen ante los demás. Cosa que para mí es importante e intento cuidar.

No sé si el día de mañana pueda seguir con este “anonimato” que ya no es tal.

De a poco estoy consiguiendo hacer este borrón y cuenta nueva. Y aunque tuve que tomar decisiones radicales, no me arrepiento.

Mis pensamientos íntimos irán a formato papel de nuevo. Mi Facebook se limitará a ser vínculo con gente que no usa otra alternativa y con quienes no deseo perder contacto. Los comentarios con tintes ideológicos serán desde cuentas anónimas o no serán.

Remataré esta entrada con una anécdota positiva e inspiradora.

Hace 8 o 9 años más o menos, me uní a un foro con temática relacionada a la sexualidad. Iluso de mí puse mi correo electrónico para que me contactaran. Luego me olvidé y seguí mi vida.

Por ese entonces jugaba on-line y me había hecho de un pesado “enemigo” (que por cierto ahora es amigo) quien para molestarme me googleó y halló este dato, amenazándome con contarle a todos mis demás conocidos del servidor. Como niño que era me asusté mucho, la pasé horrible y hasta lloré.

La peor parte fue ir al foro y descubrir que ese mensaje lo había puesto como invitado y que desde mi cuenta no podía borrarlo. Los administradores de ese foro habían desaparecido hacía mucho y no había a quien reclamar sobre eso ni sobre mi cuenta.

Pasaron los años en vano, viendo como en Google era el primer dato asociado a mí. Harán dos días que pasé de nuevo por ese foro y noté actualizaciones, desesperado me contacté con la administración y conté mi situación. Finalmente, el post fue borrado y mi cuenta eliminada por completo. En diez días Google actualiza su caché y ese problemilla puntual se resuelve.

Persevera y triunfarás.


martes, 29 de diciembre de 2015

¿Quién eres para Internet?

¿Qué te gusta de Internet? Admitamos que algo te gusta.

Quien haya sido navegante habitual de la red se ha enamorado de alguno de sus tantos beneficios. Piénsalo ¿cuántas veces quisiste mandar al demonio la Internet pero terminaste regresando? Si estás leyendo esto probablemente tengas Internet.

A mí me enamoró su anonimato. El de antaño obviamente.

Comenzaré diciendo que mis vueltas por Internet comenzaron en el cyber-café cuando tenía más o menos quince años. Por esa época casi nadie tenía Internet. Quienes la tenían no contaban con computadoras lo suficientemente potentes para los juegos, vídeos y demás. No podía cada integrante de la familia tener su propia computadora y conectarla al mismo tiempo. Por lo que era conveniente y económico ir al cyber cuando de pasar la tarde jugando online con los amigos se trataba.

Muchos sabrán que soy escritor. Mis inicios en el cyber fueron para pasar a computadora mis escritos en papel. Entre una cosa y la otra me guardaba imágenes en los disketts y hacía trabajos para la clase de computación. Me topé con fanfics, escribí algunos, me contacté con sus autores y comencé a hacerme de amigos.

Amigos que compartían mis gustos sin importar quién era. En Internet no solo “nadie sabe que eres un perro” sino que tampoco importaba si lo eras. Podías pasarte horas hablando con gente de temas que jamás soñaste hablar.

En mi curso los gustos eran muy clichés. Las chicas hablaban de chicos, bandas pop masculinas y ropa. Los chicos jugaban a la pelota, corrían por todo el patio y peleaban emulando personajes de dibujos animados.

Yo me sentaba contra la pared de ladrillos y escribía para mi ex mejor amiga. También jugaba a los autitos con ella y roleábamos con personajes originales.

Cuando la perdí me quedé solo con el amor a escribir e Internet me permitió volver a sentirme pleno con ello.

Pero como dice la canción “Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo”. Hoy Internet es indispensable para la mayoría de la gente en las ciudades. Ya sea como modo de entrenamiento, de aprendizaje, de información y de socialización.

En este último punto es en el que me detendré. Con la globalización y masificación de Internet nacieron las Redes sociales. Al principio uno formaba, o no, parte de ellas a gusto, pero hoy es casi imposible disfrutar de muchos contenidos sin ser parte de una al menos.

Puedo pronosticar que en uno o dos años más tardar la obligatoriedad del asunto sea del 100%.

El problema para mí no radica en tener que crear mil cuentas bobas sino en tener que asociarlas cada vez más a datos reales. Hoy conocer a alguien implica de inmediato conocer sus redes sociales, ver sus fotos, sus contactos, sus intereses, entre otras cosas.

En consecuencia la gente tiene más competencia que nunca y ha comenzado a aparentar al menos seis veces más que antes. Editando fotos, sacándose entre treinta y cuarenta antes de decidir cuál subir, mostrando sus mejores gustos, ocultando los que no considera tan buenos e inventándose la “vida soñada”.

Ojito, haré un paréntesis para que reflexionen ¿Soñada por quién?

Imaginemos un caso extremo para que mi punto quede claro. Una persona pederasta que sueña con tener la red de trata de niños menores de 5 años más grande el mundo para llenarse de dinero y cumplir sus más morbosas fantasías, no lo publicará en Facebook, se los garantizo. Seguramente pondrá fotos de vacaciones con su familia, autos, vestidos y demás.

Supongamos que ahora esto es solo una fantasía, no un deseo real ¿Crees que esta persona quiere que sepan con qué clase de fantasías se toca todas las noches?

Ahora llevemos esto a un terreno más liviano.  La gente que pone lo feliz que pasó la Navidad o lo bien que está con su pareja de forma constante. Esa gente que necesita más que el aire mostrar lo bien que está. ¿Crees que esa persona quiere que sepan que no todo es color de rosa?

Esta regla se aplica a infinidad de casos. Pero en mi propia conclusión puedo decir que la gente que no hace ni necesita hacer esto (en mayor o menor medida) no tiene casi contacto con las Redes sociales.

Agreguemos la diversidad de opiniones. Hoy todos podemos opinar y ser juzgados. No desde el anonimato enteramente, sino desde la distancia. ¿Qué puedes hacer si una persona que vive en otro continente te insulta y te acosa más que bloquear?

No todos tienen una plena seguridad en sí mismos. Una palabra hiriente suele cambiar el humor de al menos la mitad de las personas (y creo que me quedo corto). Como siempre, no es la misma medida para todos.

Retomando el hilo, a mí me gustaba el anonimato de Internet. Siento mucha presión tanto de las corporaciones como de la sociedad para unirme a todo esto de las Redes sociales o Social Media.

El otro día para comentar en una página de un diario muy conocido de aquí (cuyo nombre coincide con el del monopolio tras él) poco y más me pedían una radiografía y un parte médico.

Leyendo los términos y condiciones dejaban claro que mis datos serían usados a su antojo. El problema es que no daban opción para comentar sin dar los datos, confirmar la cuenta y tomar otros datos de otras redes sociales para hacer también con ellos su voluntad ¡Hasta el número de documento querían saber!

Finalmente, con un Facebook falso ligado a mil cosas falsas me saqué las ganas de comentar tras casi una hora de llenar registros, anular cookies y usar ventanas de anónimo.

Por cierto, si quieren asustarse dediquen un ratito a leer los términos y condiciones de las redes sociales que usan. Hablaré en otro apartado mi lucha con cerrar mi cuenta de ASK.fm y mis problemas actuales con Yahoo.

Los tiempos han cambiado. Hoy en Internet todos saben que eres un perro.

Y yo como siempre, o sea jodido, quiero seguir siendo un gato.