El gran perro invisible
Se despertó. Arrastrando los
pies fue a la computadora y la encendió, luego fue al baño y regresó con una
taza de café y unas galletas. Tomó asiento y comenzó a navegar como era
costumbre los fines de semana en la mañana.
Recorrer el inicio en sus
redes sociales lo llevó a un artículo interesante.
“Los
diez perros más grandes del 2015”.
Como la gran mayoría de esos
artículos, solo consistía en unas míseras líneas copiadas de la Wikipedia acompañadas
de la primera foto que saliera en Google al poner el nombre del amo del perro
en cuestión.
Diez animales magníficos,
uno más grande que el otro. Algunos tan inmensos que no cabían en una casa
alta, o en ninguna cucha que él hubiera visto antes.
A pesar de todo, el último
sorbo de café le supo a derrota. Ojalá pudiera tener un perro así y mostrarlo a
todos sus conocidos. El sueño de toda una vida...
Como quien nada pierde entró
a una página de ventas online.
“Perros
gigantes”.
Algunos anuncios vendían
perros grandes como un auto, pero nada semejante a los que vio en el artículo
hacía menos de una hora. También encontró otras ofertas que lo inundaban todo.
“Haga
crecer a su perro hasta el techo en una semana”, “Cachorros de perros gigantes”,
“Cursos para adiestramiento y sano crecimiento para perros gigantes”.
¡Santo cielo, qué caros eran
tan solo los perros tamaño auto! Si su familia entera hubiese ahorrado el sueldo
de toda una vida, apenas podrían comprar uno. Ni hablar de alimentarlo y
mantenerlo de ese tamaño. Porque eso pasaba con los perros gigantes, si no se
los cuidaba bien sufrían una suerte de desinflado.
Frustrado el hombre dirigió
una mirada de desdén a su mascota, un caniche flacucho con el pelo mal cortado
que acababa con toda posibilidad de ahorro. A pesar de que el animalito siempre
movía la cola y nada le reprochaba a su dueño, este lo aborrecía.
Con resignación miserable,
abrió la puerta para que este saliera a hacer pis. Tal vez con un golpe de
suerte y el bicho se escapaba.
En frente una vecina lo
saludó. Tenía un lindo perro bastante gordo que le llegaba a la cintura, que
parecía cruza con labrador.
A penas contestó el saludo
de la mujer, avergonzado de su propio perro, buscó calles tranquilas y una
plaza.
Allí los niños jugaban con
cientos de perritos más chiquitos incluso que su caniche. Pero los niños y los
perros son especímenes raros ¿Qué saben esos de tamaño?
—Lindo perro, señor—se
atrevió a decir un niño insolente mientras acariciaba la cabeza del vergonzoso
animal.
Así, entre una cosa y otra,
el caniche terminó en la plaza de los mini perros ignorados, jugando con los
jóvenes quienes parecían ser los únicos que les prestaban atención.
Estaba resuelto, tendría un
perro grande como un castillo. Regresó corriendo a su casa y a la computadora.
“Perros
gigantes gratis”, “Como obtener un perro gigante gratis”, “Regalo perro gigante”.
Nada.
“Hacer
crecer perro en un día”, “Trucos para tener un perro gigante”, “Alimentos
gigantes agranda perros”. Nada. No tenía tiempo, dinero, ni ganas
para probar algo de eso.
Finalmente optó por
preguntar de forma directa en foros y páginas de preguntas y respuestas ¿Cómo puedo conseguir un perro gigante
gratis?
Entre varias respuestas que
remitieron a las páginas de consejos antes mencionadas, hubo una más extensa
que las demás:
“Señor, tengo un perro
gigante que tuvo cachorros gigantes también. No tenía mucho dinero para
cuidarlo, así que lo adopté cuando era tan pequeño como un dedal. Si viera lo
pequeño que era y la poca fe que inspiraba. Pero yo también quería un perro
gigante y por eso lo alimenté con lo que pude. A veces sacrifiqué horas de
sueño y trabajé hasta tarde para darle de comer y que se inflara un poco más. Estuve
tentada a desistir varias veces. Ante el menor descuido el animal se me
desinflaba de nuevo.
Con el tiempo aprendí cosas
y de a poco fue creciendo. Doce años desde que lo adopté, a la fecha, sin
descuidarlo ni un solo día (aun cuando a veces crecía y otras se achicaba)
conseguí mi perro gigante que ya tiene dos camadas que, le garantizo, traen en
los genes ser perros gigantes. Le sorprenderá ver cuán guardianes e
independientes son. ¡Hasta lo cuidan a uno! Si le interesa un cachorro, le
adjunto una foto.”
Lo que se achicaba y
agrandaba en él era su voluntad, un comentario muy largo. Casi cierra todo
cuando leyó lo de los doce años. Pero vaya, si esa mujer cuidó de un perro
minúsculo durante tanto tiempo debía ser enorme ahora.
Ansioso ante la posibilidad
e inspirado por el éxito ajeno, descargó la foto. Cuánta fue su sorpresa al
toparse con un animal tan grande como… un camión. Sí, solo un camión. Ni a casa
económica llegada. Para colmo los cachorros al lado de su madre tendrían el
tamaño de una bicicleta cada uno. Qué pérdida de tiempo.
Siguió navegando, todos
parecían tener perros gigantes menos él. O mejor dicho, cualquier perro parecía
inmenso ante el suyo ya que ni perro tenía.
Desistir de la idea fue lo
siguiente, o eso intentó, repitiéndose una y otra vez que los perros gigantes
eran para gente tocada con una varita mágica, o que los heredó o que los robó.
Los días pasaban y pasaban
sin que el perro gigante saliera de su cabeza. Hasta que una bendita noche de
insomnio, publicó en sus redes sociales con aire victorioso, recibiendo
elogios, aplausos, admiración y preguntas.
“Me
encanta mi perro gigante”.
“Miren
como rompió la casa mi perro gigante”.
“Aquí
mirando collares gigantes para perros gigantes”.
Fueron los primeros mensajes
que una mujer vio medio dormida en la mañana, desde su celular, mientras
esperaba que la tostadora terminara su trabajo.
