Como escritor de ficción y rolero,
crear personajes e historias es pan de todos los días. Entre mis páginas, se
llevan a cabo por igual tramas heroicas y ruines bajezas.
¿Pero qué hay de mí al otro lado
extremo del bolígrafo o el teclado? Soy un tipo con problemas normales que
puede dar fe de que estos son una porquería. Los problemas del mundo real son
una mierda.
En frente de mi casa hay un cesto
de basura compartido entre mis vecinos y yo. En líneas generales está limpio.
Cada tanto se acumula un poco de mugre o alguna bolsa se rompe, pero más tardar
en uno o dos días es limpiado de nuevo.
Hace unas semanas, una bolsa rota
desparramó restos de basura por todo el tacho. Piel de pollo cruda, cáscaras de
naranja, pañales, botellas, papel, yerba mate usada. Como era habitual se
supuso que el dueño de la bolsa rota, solucionaría el problema. Pero no… Pasó
el tiempo y a esa bolsa se sumaron otras en mismas condiciones. Las bolsas
sanas se las llevaba el recolector, pero la porquería del tacho debía levantarla
alguien.
A pesar de tratarse de un tacho
grande (es para varias personas) comenzó a llenarse y llenarse de asquerosidades.
Así que, cansado y en un acto de piedad y deseo de ver el tacho limpio, tomé
dos bolsas grandes de residuos y con todo el asco del mundo limpié todo. Cosas
que pasan.
Cuál fue mi sorpresa de,
literalmente al día siguiente, ver otra vez en el cesto basura desperdigada.
Era el colmo, esperé dos días y el ciclo se repetía, las bolsas se acumulaban
rotas junto a botellas de vino y gaseosa.
Si algo tengo en claro es que no
quiero limpiar otra vez, las bolsas de basura no son gratis y no tengo porqué levantar
las asquerosidades de otro. Estoy en ese dilema hasta hoy en día. No lo junté
aún, pero con la lluvia todo empeora.
Volviendo al hilo de la cuestión.
Este problema dista mucho de los que enfrentan los personajes de mis historias.
Allí, guerreros y magos se preocupan más por defender sus tierras de criaturas
feroces, otros clanes o políticos corruptos. Allí, los criminales de todo tipo
buscan esconderse para llevar a cabo sus planes siniestros. Mientras que yo,
aquí, en mi mundo real, lidio con un tacho de basura, unos vecinos mugrosos, la
factura del gas, los pelos del perro, y el palo del escobillón que se sale al
barrer.
Entonces pensé ¿qué haría mi mago
(general del ejército más grande de sus tierras) ante algo así? La respuesta me
sorprendió incluso a mí. Alegrarse.
¿Qué más quisiera un general que
conseguir la paz, no ver a su gente morir, contar con un hogar y preocuparse
por la basura? Para él, los problemas de SU realidad son una mierda y nada ansiaría
más que cambiar sus nobles luchas por solucionar
cosas del hogar.
Sin embargo muchos pensarán que, a
pesar de lo mencionado, con gusto harían
el intercambio. Después de todo nadie recuerda al que compra un escobillón
nuevo pero sí al fundador de una nación.
Pero, vamos al punto. ¿Cómo
pretende alguien sobrellevar un problema tan inmenso como conducir una nación
si no tiene idea de cómo resolver el asunto con el vecino sucio? Si buscarlo,
enfrentarlo y remediar la situación lleva casi un mes de incertidumbre, no
imagino el destino que se tendría ante el problema de defender a capa, espada y
magia una postura ideológica y política.
Los problemas son una porquería
para todos los que tengan la realidad de padecerlos. Lo que es banal para
algunos, es demasiado para otros.
Aunque me gustaría tener problemas
con soluciones más trascendentales, me pareció interesante compartir esta
reflexión con ustedes.
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| Mi tacho de basura en este momento |
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| Foto real del tacho de basura hoy |
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| Otra aterradora foto real |



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